AMOR PRISIONERO
El trombo de truenos tronaba en el trono de las tinieblas,
causando una fatiga postrada,
aislaba el vacío que allí yacía,
sino por sutiles aleteos que se percibían y
deshacían el silencio del aquel fatídico lugar,
guiarían la luz que a su corazón envolvía.
Mientras se debatía entre sueños enloquecedores más dictando su valentía,
escapara con gran cuidado.
Tras sus pasos caídos, emanaba lágrimas de sus heridas,
heridas que duelen y no se sienten.
Entre zarzas, seguía el paso iluminado,
cuan cautiverio le estaba acechando,
mientras, queja un lamento,
un lamento suspirado,
una angustia gozada,
la que sentía el amado por la amada:
¡Oh amada!
Prisionero de tu amor,
dime si compesa tanto dolor,
dime si mi entrega tendrá valor,
si lo sabes, dímelo.
Pero el miedo de ser encontrado,
era uno de los vivios que mataban su llanto.
Las lágrimas pasaban por su piel,
de no hallar el camino deseado,
caminos llenos de obtáculos,
minutos y pasos, los tenía contados.
El ocaso iluminaba el cielo,
bajo el trayecto del latido de su tormento.
Susurros al oído,
era más que un espejismo,
el alivio del abismo,
que cura lo herido.
Sí, era ella,
esperando el cantar de mi deseo,
y es así porque:
su mirada apasiona,
su belleza acalora,
su sonrisa provoca,
sus andares embriagan...
Mi amor, mi dulce amor,
jamás, nunca jamás, aislarán mi corazón
MirYaM-gOtaS